TE OFREZCO ESTA CASA CIBERNETICA
Quiero que veas lo que mis ojos ven quiero que escuches lo que mis oidos escuchan y hacerte que sientas lo que siente mi corazon ..
|
Atractivos turísticos - del romance a la aventura El altiplano quetzalteco es una extensa meseta, que se eleva de cuando en cuando en forma de serranías y volcanes. Se proyecta hacia el cielo desde el amplio piso, cuyas altitudes van de los 2,100 a los 2,600 metros sobre el nivel del mar. La cima del volcán Santa María, posee el cuarto lugar en cuanto a las elevaciones de Guatemala. Por ello, los atractivos turísticos de Quetzaltenango resultan de una naturaleza en extremo variada y rica. Ante la imposibilidad de nombrarlos a todos, revisaremos los más conocidos, organizados en cuatro categorías: rutas de descubrimiento, volcanes, escenarios naturales o paisajes semiagrestes y fuentes termales. Como complemento, un zoológico. |
|
|
|
|
|
Un cañón, un río, un pasadizo: La más espectacular de las rutas es la que acompaña al Río Samalá en su viaje al mar. Es un pasadizo natural, recorrido por camino de asfalto, que conecta al altiplano con la costa. Por su intermedio se puede ir desde el bosque templado de coníferas hasta la calurosa sabana tropical, pasando por la selva subtropical del declive de la cordillera volcánica. Para el amante de las ciencias de la tierra, la multitud de detalles que afloran a lo largo del cañón resultan de un interés inimaginable. Combina el paisaje urbano de poblados tales como Cantel, Zunil, Santa María de Jesús y San Miguelito Calaguaché. El camino de la Costa Cuca: Otra magnífica ruta corre junto a la carretera departamental 3. Une a varios pueblos: La Esperanza, San Mateo, Ostuncalco, Concepción Chiquirichapa, San Martín Sacatepéquez, Colomba, Coatepeque, Bethania y Las Pampas. Al llegar a ésta, una pujante aldea, se está a un paso de la extraña zona de pampas, como se llama ahí a los pantanos y tierras anegadas. Previo a abandonar la altiplanicie, el camino pasa entre los volcanes Lacandón y Chicabal; después, se desliza por la pegajosa y húmeda selva del declive volcánico, hasta Costa Cuca y su reino de pampas e innumerable vida silvestre. Volcanes: La lista de éstos va desde el Santa María con 3,722 metros de altitud; Siete Orejas, con 3,370 metros; Cerro Quemado, con 3,197 metros; Chicabal, con 2,900 metros; Lacandón 2,770 metros; y Santiaguito 2,510 metros. El Zunil, con 3,542 metros, se comparte territorialmente con Sololá. Cada volcán tiene su propio atractivo. Santa María es el preferido por los montañistas, expertos y aficionados, porque representa un magnífico reto.
Llanos de Urbina y otras llanuras: Las planicies de Urbina se extienden hacia el noreste de la cabecera. Su extrema fertilidad las condenó a campos de cultivo. Muestran cómo los elementos humanos se integran al paisaje agreste; pero, en todo caso, los Llanos son motivo agradable como primer plano de un horizonte ya de por sí hermoso. Hay en ellos, además, profundas raíces históricas, pues se dice que fueron campo de batalla entre los guerreros k'iche'es, comandados por Tecún Umán, y las huestes españolas de Pedro de Alvarado. Otras llanuras, igualmente gallardas, son las de Chiquilajá, La Floresta, El Chirriés y La Ciénaga. Zoológico Minerva: Sin ser precisamente un elemento de la naturaleza quetzalteca, el zoológico del Parque Minerva, en la cabecera departamental, representa en la romántica urbe una posibilidad para acercarse al ambiente natural. Colinda con los llanos de La Floresta, es un buen motivo para pensar en él como un atractivo de mucho valor y gran calidad. Su agradable ambiente y múltiples facilidades lo transforman en un paseo intensamente aprovechado para días de campo, paseos, caminatas o para ir a descansar a la sombra de un fresco pino.
|
Valle de tierra fértil
Uno de los municipios más famosos por sus cultivos es Almolonga, que se encuentra a tan sólo cinco kilómetros de Quetzaltenango. Los parches formados por los vegetales y flores circundan el paisaje que rodea la carretera. Muy cerca de ahí, Las Aguas Amargas y El Rosario, baños termales de aguas sulfurosas, conjugan los poderes de la naturaleza mientras la bruma, característica de la región, hace percibir más claramente el eco de la montaña.
Estado de Los Altos, así se le conoció por mucho tiempo a lo que hoy es Quetzaltenango. Se había caracterizado por su laboriosidad y progreso, por eso desde que se firmó la Independencia en 1821, empezó a surgir la idea de separarse de Guatemala y formar lo que sería el sexto Estado de la Federación Centroamericana.
Esto se debió al abandono y la falta de atención que la región sufría por parte de las autoridades capitalinas. En 1838 se declaró constituido El Estado de los Altos, cuyo héroe militar fue el general Agustín Guzmán. El nuevo Estado comprendía los departamentos de Sololá, Totonicapán y Quetzaltenango. En 1840 Rafael Carrera invadió el Occidente y combatió a la Corporación Municipal. Posteriormente estos territorios fueron reincorporados a la República de Guatemala. Quetzaltenango, la Ciudad de los Altos, es sin duda la más patriota de todas las ciudades, y en septiembre se viste de gala en las celebraciones patrias, ofreciendo al visitante la más bella naturaleza y una muestra de su amplia cultura. El monumento a la marimba es la mejor bienvenida a la ciudad de los Altos. A partir de esta escultura, Xela se muestra majestuosa y soberbia, quizás por el orgullo que impone ser la cuna de grandes artistas como Paco Pérez, Otto René Castillo, Werner Ovalle y Domingo Bethancourt.
Nada más llegar al centro de la ciudad, el visitante se pierde entre las construcciones que datan de los siglos XVI y XIX. La construcción de la primera iglesia de Quetzaltenango fue ordenada por el Obispo Francisco Marroquín y realizada en 1532, bautizada con el nombre de Iglesia del Espíritu Santo. Aún se conserva una fachada posterior, de estilo barroco, que se encuentra en restauración, puesto que el sismo del 9 de febrero de 1853 dañó considerablemente el templo. Por ello el ingeniero Alberto Porta diseñó, al estilo neoclásico, la actual Catedral, inaugurada el 16 de septiembre de 1954. Continuando con el recorrido, se encuentra el Palacio Municipal, el cual fue construido en 1812 por el entonces alcalde Don Miguel Palomo, en este lugar funcionó, además, el primer hospital de Quetzaltenango en 1830. No fue sino hasta 1887, cuando Domingo Goicolea y Urréjola construyó el actual Palacio Municipal, que sufrió daños durante el terremoto del 18 de abril de 1902, y por el estallido de una bomba un año después. Luego de una serie de reparaciones este edificio, de más de 100 años, aún no está concluido. Sin embargo, sus jardines, balcones y enormes puertas de madera hacen de este recinto un lugar digno de visitar. El actual Parque Central de Quetzaltenango era originalmente una plaza hispánica, dispuesta, según las ordenanzas de la Corona, con el trazo de las ciudades coloniales. En uno de los costados de la plaza se ubicó el atrio conventual de la iglesia, que servía a los fieles de la ciudad. Con el paso del tiempo el atrio se convirtió en el jardín de La Juventud y la plaza en el jardín La Unión, separados por el Portal de las Banderillas, dedicado al comercio. En 1938, el arquitecto Rafael Pérez de León (el constructor del Palacio Nacional) remodeló ambos jardines y creó el Parque de Centro América, en el proyecto participaron los constructores Martín Quijivix y Macario Ixcol. En el extremo sur del parque se encuentra la Casa de la Cultura, donde actualmente se ubica el Museo de Historia Nacional, el cual cuenta con una colección de piezas prehispánicas y recuerdos históricos, así como el Museo de la Marimba, en el cual se han recopilado, en un breve espacio, momentos importantes de la historia de nuestro instrumento nacional. Al visitar Quetzaltenango, vale la pena asistir al Museo de Arte, que alberga valiosas obras de artistas quetzaltecos. En la planta baja de este edificio funciona el Museo del Ferrocarril y, a menos de media cuadra, se encuentra el Pasaje Enríquez, un lugar histórico y bohemio en donde nunca falta algún joven que, con guitarra en mano, interprete una canción. Por último está el Teatro Municipal, en donde cada año se dan cita en el mes de septiembre las representantes de la belleza nacional. Fue el 14 de septiembre de 1891, cuando Manuel Estrada Cabrera, entonces alcalde de la Ciudad, inició la construcción de tan monumental obra, pero no fue sino hasta 1895 que se estrenó. Así, las calles empedradas, hoy rodeadas de comercios, y las luces del alumbrado público dilatan las imágenes de días pasados, e invitan al visitante a pasar a alguno de sus cafés para saborear una taza de chocolate o bien deleitarse con un exquisito pache.